Opinión: La lluvia amarilla de Julio Llamazares

Yolanda González Mesa

12 may 2009
Comprar La lluvia amarilla

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La lluvia amarilla hace referencia a la lluvia de hojas que en otoño cubre el abandonado pueblo del Pirineo aragonés de Anielle. Bueno, abandonado no, queda un habitante, Andrés que, durante los instantes finales de su vida, recuerda los últimos años transcurridos, en los que ha sido testigo de la muerte o la partida de cada uno de sus vecinos y amigos, hasta que en el pueblo no quedaron más que él y su mujer. Pero incluso ella le deja, cuando el miedo y la desesperación la llevan a suicidarse.

Y ese amarillo de las hojas es también el color del miedo y la podredumbre que van acorralando al protagonista.

Miedos de orden práctico, a que le ocurra algún percance o se le acabe la comida y no haya nadie para ayudarle.

Miedos intangibles, que parecen esconderse en las piedras de las casas que se van derrumbando, y que se vuelven más presentes en las largas noches de invierno.

Y miedo a la locura en la que tanta soledad y tanto miedo pueden hacerle caer.

Llamazares, utilizando un lenguaje no realista, nos transporta vivamente al interior de una narración realista, sin que por ello nos choque la riqueza del vocabulario de un simple campesino analfabeto, ya que más que un monólogo interior al uso, nos encontramos ante una poetización de los intensos sentimientos del protagonista.

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