El comandante al mando de la flota contemplaba la belleza azul del tercer planeta de la galaxia. Sabía que la supervivencia de su raza pasaba por la invasión de ese planeta, y trataba inútilmente de obligarse a sentir algo de piedad por aquellos hombres y mujeres que lo habitaban, a base de imaginárselos atareados en sus quehaceres cotidianos, mínimos y a la vez extraordinarios.
Alargó la mano para conectar el comunicador:
- Houston, aquí el comandante Gómez, estamos en órbita sobre el planeta. Esperamos las órdenes para iniciar la operación “Exterminio”.





