Relato: El eterno enamorado

Yolanda González Mesa

29 jul 2009

Mi amor.

Me gusta deslizarme por tu piel, todo mi cuerpo acariciando la suavidad de tu cuello, la dulzura de tus pechos, la tierna curva de tu ombligo, hasta hundirme lentamente en tu interior. Primero con suavidad, con toda la amorosa ternura de que soy capaz, tu carne acogiéndome en el más cálido abrazo, sensual, incitadora, y luego acelerando, espoleado por el incontenible deseo de hacerte gemir una y otra vez, hasta que, con el último suspiro, tu corazón deja de latir.

Luego el breve trayecto a la comisaría, la siempre demasiado larga estancia en el lóbrego almacén, hasta encontrar la oportunidad de volver a convertirme en una de las miles de pruebas que se extravían cada día en los juzgados de todo el mundo, y así volver a buscarte, eternamente, en el cuerpo de la siguiente mujer.

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