Relato: Pero no comieron perdices…

Yolanda González Mesa

28 ago 2009

Al cabo de varios días de búsqueda, el príncipe terminó por rendirse, guardó el solitario zapatito en el fondo de un baúl y aceptó casarse con la heredera de un reino lejano.

No muy lejos de allí el cuerpo desangrado de Cenicienta comenzaba a descomponerse. Es peligroso correr con algo tan frágil y cortante como un zapato de cristal.

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