El pasado viernes @Yoriento publicó en su blog, del que soy asidua lectora, una interesante entrada: 7 historias para iniciar el otoño con productividad. Aunque su artículo no trata de ninguna profesión u objetivo vital en concreto, parece hecho a la medida para cualquier escritor en ciernes. A los que todavía no lo hayáis leído, os invito a hacerlo y a continuación leed las reflexiones que me ha suscitado desde mi punto de vista de escritora (eso sí, ya sé que su blog es muy interesante, pero no os quedéis allí, volved luego al mío).
1. El rey Pirro y el filósofo.
Una de las características que tenemos en común todos los escritores es que nos pasamos la vida soñando despiertos: con las historias que escribiremos, el éxito que tendremos, los ejemplares que firmaremos en la Feria del Libro, las entrevistas que concederemos… Y soñando, soñando se nos pasa el tiempo.
Si nuestro objetivo final es escribir, escribamos. Aquí. Ahora. Sin más.
2. Cuento de la afiladora de lápices.
Éste lo podemos interpretar literal y metafóricamente.
Literalmente, una de las formas más habituales en las que los escritores perdemos el tiempo es preparando el material de escritura: afilar lápices, cargar de tinta la estilográfica, elegir el editor de texto ideal, etc.
Y metafóricamente, muchas veces le damos tantas vueltas a la historia, la analizamos y repasamos tanto, que terminamos por aburrirnos y dejamos la obra inacabada.
Sí, lo habéis adivinado, este es uno de mis mayores defectos como procastinoescritora.
3. Historia del pastor y del científico.
Muchas veces nos lanzamos a escribir con los ojos puestos en lo que creemos que va a gustar a los demás, sobre todo los escritores noveles, pero, si os fijáis en las mejores obras de vuestros autores favoritos, por alejadas que estén las tramas de su entorno, siempre van impregnadas de su personalidad, sus vivencias y su particular visión del mundo.
No digo con esto que tengáis (tengamos) que contar sólo historias autobiográficas, porque eso nos limitaría mucho, pero sí que hay que mirar lo que nos pasa por dentro para contar lo que pasa fuera.
4. Historia del ratón indeciso.
Otro de mis grandes defectos, saltar de una historia a otra y no acabar ninguna.
El proceso es para todos los escritores igual: se te ocurre una idea que te gusta, comienzas a escribir con todo tu entusiasmo y al cabo de poco tiempo te asaltan las dudas e inseguridades, ¿y si tu idea no es buena?, ¿no has leído ya lo mismo en otra parte?. La diferencia entre los autores publicados y los demás es que ellos superaron la tentación de abandonar y siguieron escribiendo.
5. Metáfora de las piedras.
Aunque creo que no es exactamente eso lo que Yoriento quiere decirnos con esta historia, lo que a mí me sugiere es: ESCRIBE. No te pares en los pequeños detalles, no retrocedas para corregir o hacer cambios, escribe la historia completa y luego, cuando ya hayas acabado ese primer borrador, haz todas las tareas de edición y corrección que necesites.
6. Historia del pianista y la anfitriona.
Escribir es duro.
No conozco a ningún escritor, publicado o no, al que no le resulte un proceso doloroso, frustrante, e incluso angustioso la mayor parte del tiempo, así que aprieta los dientes (o un huevo contra otro, como dice mi padre) y escribe. Es el único modo de que termines tu obra.
7. El leñador tenaz.
Párate de vez en cuando a hacer un sincero examen de conciencia y analiza lo que puedes cambiar y mejorar en tu actitud, en tu sistema de trabajo o en tu entorno para conseguir tu objetivo.
Uno de mis problemas para alcanzar el mío es la falta de tiempo, así que recientemente he llevado a cabo un experimento para ver en qué se me van las horas y cómo puedo aprovechar mejor el tiempo.
Pensar cuáles son las barreras que se interponen en tu camino supone el primer paso para superarlas.
En resumen, lo que a mí me ha inspirado el artículo de Yoriento es, que para conseguir nuestro objetivo, hay que centrarse en él: el único modo de escribir un libro es escribiéndolo.






28 septiembre 2009 a las 8:34
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28 septiembre 2009 a las 11:45
Sabia reflexión.
Muy bien rescatado el artículo.
Un abrazo y suerte
28 septiembre 2009 a las 12:01
Me alegro de que te haya resultado interesante.
Un saludo y gracias por tu comentario.
28 septiembre 2009 a las 11:52
Es lo que tienen las buenas metáforas, que se pueden aplicar en cualquier contexto, en este caso el de la escritura y los escritores
En vuestro caso me gusta mucho el cuento de La afiladora, aunque también me parece bueno como actitud general: ponte a escribir, ponte a currar, ocúpate activamente, y no pienses tanto, a ver qué pasa
28 septiembre 2009 a las 12:02
Lo has resumido muy bien en esta última frase.
Los escritores somos mucho de darle vueltas a las cosas en vez de arremangarnos y ponernos a la tarea sin más.
Un saludo y gracias por tu inspirador artículo y tu comentario.