Archivo de septiembre, 2011

Opinión: La tienda de los suicidas de Jean Teulé

Yolanda González Mesa

29 sep 2011
La tienda de los suicidas de Jean Teulé

Comprar La tienda de los suicidas de Jean Teulé

Los Tuvache llevan generaciones al frente del negocio familiar, una tienda para suministrar utensilios para que los suicidas lleven a cabo con éxito su propósito. El mundo se ha vuelto inhóspito y sin esperanza, y el suicidio parece la única salida, incluso las religiones lo apoyan.

Todos los Tuvache tienen el nombre de un suicida famoso: el padre, Mishima, y los hijos Vincent, Marilyn y Alan, y todos se suicidarían si no fuera por la gran vocación de servicio público que tienen. Se suicidarían todos menos Alan, que desde pequeño es un optimista incurable que sólo ve el lado bueno de la vida. Esto es motivo de  desesperación para sus padres, ya que su actitud perjudica el negocio.

En esta novela corta, situada en un futuro pseudo-apocalíptico Jean Teulé explora con sentido del humor el tema del suicidio y sus motivaciones, así como, hasta qué punto ver las cosas de manera positiva o negativa tiene mucho de decisión propia.

Lo que, en manos de otro autor, podría haber terminado siendo una historia cursi sobre cómo el pensamiento positivo es contagioso, siempre hay que ver el vaso medio lleno, etc., es, gracias al humor negro y capacidad para crear una atmósfera inquietante de Jean Teulé, un libro divertido, que recuerda en estilo y ambientación a los cuentos clásicos infantiles, y se lee con facilidad, porque te engancha desde el principio hasta su sorprendente final.


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Relato: Lo que Dios ha unido

Yolanda González Mesa

26 sep 2011

Notaba las miradas acusadoras de todos a su alrededor.

Incluso quienes se mostraban comprensivos con ella, le hablaban de paciencia, de intentar reavivar los sentimientos o directamente de “aguantar” después de tantos años.

¿Qué iba a hacer a su edad sola por el mundo? ¿De qué iba a vivir? ¿Y dónde?

Sus familiares no es que se hubieran mostrado entusiasmados por la idea de acogerla en su casa.

De hecho ella tenía más miedo de lo que estaba dispuesta a admitir, pero la decisión había sido largamente meditada y era firme: no es que no le quisiera, no es que él la hubiera decepcionado, es que no podía seguir viviendo así. Aunque a su edad pareciese y fuese una locura quería probar otras cosas, saber que podía valerse por sí misma, relacionarse con gente distinta que la que había tratado hasta ahora.

Y sabía que en el fondo él la entendía, a pesar de que no lo demostrase, a pesar de que su silencio pudiera parecer un reproche.

Eso sí, aún se sentía como desnuda al salir a la calle sin el hábito.


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Gota 107: Algunos libros son probados

Yolanda González Mesa

22 sep 2011

Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.

 

Francis Bacon

 


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Cómo retomar la escritura tras un parón

Yolanda González Mesa

19 sep 2011

Todos necesitamos descansar de vez en cuando, incluso si lo que hacemos nos apasiona, como es escribir. En otras ocasiones las interrupciones no son voluntarias: repuntes de trabajo, compromisos familiares, enfermedades…

    En cualquier caso, la escritura tiene mucho de hábito y, cuando dejamos pasar un tiempo sin escribir, nos puede costar retormarlo y volver a conectar con nuestro lado creativo.

    Para ayudarnos en el proceso hay varias cosas que podemos hacer:

    1. Limpiar el escritorio.

    Una de las excusas más utilizadas para retrasar el momento de empezar a escribir es la imperiosa necesidad que nos asalta de ordenar y limpiar nuestro escritorio, afilar todos los lápices, reorganizar el sistema de archivos del ordenador…, pero de vez en cuando sí es importante hacer una buena limpieza, que nos permita reemprender el trabajo en un entorno fresco y despejado.

    Por supuesto, la herramienta que no debe faltar a la hora de limpiar nuestro escritorio es una bolsa de basura: debemos intentar eliminar tantas distracciones y estorbos como podamos. No temáis dejar demasiado vacío vuestro lugar de trabajo, si os parecéis en algo a mí, no tardaréis en volver a llenarlo.

    Esto también se puede aplicar al escritorio virtual, es decir, al ordenador. Puede ser un buen momento para eliminar las aplicaciones que alguna vez instalamos y nunca usamos, eliminar archivos obsoletos y hacer un escaneo y reparación del disco duro. Nuestro ordenador funcionará mejor y nos resultará más fácil trabajar.

    2. Regalarte nuevas herramientas.

    Dependiendo de nuestro presupuesto puede tratarse de una estilográfica o un ordenador nuevos, pero también puede ser algo más sencillo como un cuaderno.

    Muchos escritores adoramos comprar material de papelería, y consideramos un placer estrenarlo, así que aprovechémoslo para motivarnos a escribir.

    3. Releer lo escrito anteriormente.

    Si quieres continuar una obra que dejaste a medias, releela.

    Si prefieres escribir algo nuevo, repasa tu archivo de ideas.

    Normalmente no es bueno releer en lo que se está trabajando, porque eso te lleva a encontrar fallos y a ponerte a corregirlos en vez de seguir avanzando. En cambio, si sientes que te has alejado demasiado de tu obra, que te resulta ajena, puedes reencontrarte así con ella, de manera que recuerdes lo que te “enamoró” de ella en primer lugar, aquello que te impulsó a empezar a escribir.

    4. Empezar poco a poco, pero con constancia.

    Escribir es un ejercicio como cualquier otro y, por tanto, puede no ser buena idea forzarnos a retomarlo con mucho ímpetu, porque si no da buenos resultados podemos sentirnos frustrados.

    Ponerse pequeñas metas cada día puede hacer más sencillo encontrar otra vez las ganas y el tiempo para escribir.

    5. Busca motivación externa.

    Lee blogs y libros sobre literatura, relee la obra de tu autor favorito, retoma el contacto con otros escritores que conozcas, y pide ayuda a la gente de tu entorno para recuperar la motivación.


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    Opinión: Que la muerte te acompañe de Risto Mejide

    Yolanda González Mesa

    15 sep 2011
    Que la muerte te acompañe de Risto Mejide

    Comprar: Que la muerte te acompañe de Risto Mejide

    No escribo las reseñas de todos los libros que leo. Normalmente hablo únicamente de aquellos libros que me parecen recomendables y os doy mis razones. Si algún libro no me gusta, la mayoría de las veces hago simplemente algún comentario en Twitter nada más. La mayoría, pero hoy no, porque estamos hablando de un libro que cuesta 19,90 € en papel y 13,99€ en ebook, y con que yo haya pringado, bastante.

    Como podéis leer en mis reseñas de El pensamiento negativo y El sentimiento negativo, me gusta mucho cómo escribe Risto Mejide: su ironía, su sentido del ritmo y sus hábiles juegos con el lenguaje. Así que os podéis imaginar las ganas con que estaba esperando su primera novela.

    Y voy a tener que seguir esperando, porque Que la muerte te acompañe no es una novela.

    Risto ha cogido algunos de los textos y reflexiones que tan hábilmente desarrolló en sus libros anteriores, los ha despojado del humor y los juegos de palabras y los ha hilvanado con una trama desaprovechada, protagonizada por tres personajes que en realidad son uno solo: Max, Toscano y Paula son igualmente ingeniosos, cínicos y mordaces, una versión de la imagen mental que tenemos del personaje público del autor, aunque sus experiencias y decisiones vitales hubieran presupuesto personalidades distintas. Esto hace que los tres personajes resulten planos, monocordes y que cueste identificarse con ellos y entrar en la historia.

    De hecho, si ese mismo libro lo hubiese escrito otro palabra por palabra, Risto Mejide podría demandarle por plagio y ganar el juicio.

    Si “crecer es aprender a despedirse”, alguien debería despedirse de frases e ideas ya utilizadas y buscar nuevas. La repetición es una técnica que en publicidad funciona, porque ayuda a fijar productos en la memoria; en literatura hay que ser muy hábil para contar lo mismo y que parezca algo nuevo.


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    Por qué, porqué, porque, por que

    Yolanda González Mesa

    12 sep 2011

     

    porqueTodos sabemos que entre interrogantes o signos de exclamación, cuando preguntamos la razón o causa de algo se escribe “por qué”, separado y con tilde en “qué”, pero cuando no tenemos esa referencia es fácil dudar o confundirse, o al menos a mí me pasa.

    Espero que estas explicaciones a partir de lo que indica al respecto el Diccionario Panhispánico de Dudas os sirvan de ayuda:

    Por qué: construcción con la que se pregunta la causa o motivo de algo, tanto en oraciones directas:

     

    —¿Por qué te has puesto ese vestido?

     

    como indirectas:

     

    —Me gustaría saber por qué me haces esa pregunta.

     

    Porqué: sustantivo que significa “causa o motivo” y puede ser sustituido por cualquiera de estos. Como sustantivo puede ir precedido de un determinante y tiene plural: “porqués”:

     

    —Necesitaré un porqué antes de hacer nada.

     

    Porque: conjunción causal:

     

    —Te lo pregunto, porque me ha sorprendido tu comentario.

     

    o final, en cuyo caso equivale a “para que”:

     

    —Haré lo posible porque todo termine bien.

     

    Por que: se puede sustituir por “por el cual, por la cual, por los cuales o por las cuales”:

     

    —El motivo por que actuó así sigue siendo un misterio.

     

    También se usa por separado si “por” viene dado por el verbo:

     

    —Me preocupo por que encuentres tu lugar en el mundo.


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    Gota 106: Escribir un libro es una aventura

    Yolanda González Mesa

    08 sep 2011

    Escribir un libro es una aventura. Para empezar, es un juego y una diversión. Después se transforma en un amante, luego en un amo y más adelante en un tirano. En la última fase estás a punto de reconciliarte con esa servidumbre, matas al monstruo y lo arrojas al público.

    Winston Churchill


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    Escribe el libro que te gustaría leer

    Yolanda González Mesa

    05 sep 2011

    Aquellos de vosotros que lleváis leyéndome desde el principio recordaréis que una de las razones por las que creé Tinta al Sol fue para adquirir disciplina y constancia al escribir, con el objetivo de aplicar dicha disciplina a terminar una novela cuya idea me rondaba desde hace tiempo.

    Dos años después, escribía a todas horas y mi cabeza bullía de creatividad produciendo idea tras idea… para el blog. Mientras tanto la novela no avanzaba.

    El concepto central de la novela me gustaba, y me parecía que era bastante original, pero no lograba darle forma. Eso en las raras ocasiones en que me ponía a trabajar en ella, porque siempre parecía encontrar mejores cosas que hacer.

    Y es que el problema era que tenía un concepto, un tema, incluso unos personajes, pero no una historia.

    Sin embargo, hace unos meses, como ya os contaba en el artículo Haz lo que digo…, se me ocurrió una historia para otra novela. En cuanto empecé a hablarle de ello a mi marido vi claro todo: la trama, los personajes, incluso la frase final.

    Entonces decidí abandonar la anterior novela y comenzar esta, no sin muchas dudas, porque se supone que una de las principales virtudes de un buen escritor es saber perseverar con una historia por muchas dificultades que surjan, ya que de otro modo nadie terminaría un libro.

    El resultado es que en este tiempo he escrito tres veces más palabras de esta última novela, y estoy convencida que eso se debe, no sólo a que ahora tengo una historia que contar sino a que el primero era un libro que me gustaría escribir, y el segundo es un libro que, además de escribir, me gustaría leer. Por el tipo de historia que es y los elementos que la conforman es el tipo de libro que yo compraría.

    El resultado de esto es que, a la vez que escribo, siento curiosidad por qué les va a pasar a los personajes a continuación, y me divierte imaginar situaciones sin aparente salida, para luego devanarme los sesos pensando posibles soluciones.

    No por eso dejo de tener los problemas y miedos habituales del proceso de escritura: aún no sé cómo va a discurrir buena parte de la historia, cómo voy a resolver algunas cuestiones fundamentales o la evolución de los personajes, e incluso tengo pequeños momentos de bloqueo en los que me pregunto a mí misma, ¿y ahora qué?, pero no dejo de escribir, con la confianza de que iré solventándolo todo a medida que avance la historia.

    Todo esto hace que esté disfrutando muchísimo con el proceso, cosa que no me ocurría ni remotamente con la anterior novela, y creo que estas sensaciones se transmitirán también a los futuros lectores.


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