11
may
2011
Con este amargor tan extraño que dejan algunas palabras releà su nota. “Estoy muerto”, decÃa.
Pensé que se referÃa a que se aburrÃa desde que se jubiló. O a que sentÃa su vida vacÃa desde que murió mamá. O incluso a que estaba agotado por recoger todos los dÃas a los niños del colegio, darles la merienda, y cuidarlos hasta que yo regreso del trabajo.
Si es que hay dÃas que, cuando llego, los tiene bañados, cenados y acostados…
Cuando me armé de valor y le pregunté directamente, me sonrió como si aún fuera su niña pequeña, sacudió la cabeza y en voz baja respondió:
— Mientras me necesites, no me iré a ninguna parte.
Sólo espero que el olor se pueda disimular.