Por fin has encontrado unas horas para dedicarlas a escribir.
Tu lugar de trabajo favorito está impecable, tienes tus herramientas favoritas a mano, la luz y el ambiente perfectos. Por si fuera poco, te sientes relajado, creativo, listo para empezar o continuar la que será la mejor historia que has escrito hasta el momento.
Te plantas confiado, e incluso feliz, ante la página o la pantalla en blanco y… permanece en blanco. En blanco. Blanco. Blanco. Blanco.
Una prueba más de que no estás llamado a ser escritor.





