Los que me seguís por Twitter sabréis que me gusta mucho la serie Once upon a time (Érase una vez). Y no sólo me gusta la serie en sí, que es irregular pero entretenida, sino que también me resulta muy interesante observar los mecanismos que utilizan los guionistas para llevar los personajes, historias y convenciones de los cuentos de hadas al mundo actual.
Tanto Once como Fábulas parten de una premisa común: los personajes de los cuentos de hadas se trasladan a nuestro mundo después de ser expulsadas del suyo por un personaje malvado. De hecho, los fans de Fábulas acusaron a los creadores de Once de plagio, aunque el propio autor, Bill Willinghan, quitó importancia al asunto, entre otras cosas porque, aunque nazcan a partir de una idea similar, el desarrollo de ambas es muy diferente.
A diferencia de la serie, en el cómic todos los personajes son conscientes de que viven entre nosotros, y que deben ocultarnos su presencia, mientras libran una guerra por recuperar su hogar, por lo que las tramas son muy distintas.
Además el tono también es muy diferente, ya que el de Fábulas es un mundo más oscuro y cruel, en la línea de los propios cuentos clásicos que, antes de que Disney los edulcorara, estaban llenos de todo tipo de violencia en forma de infanticidios, secuestros, etc.
En el cómic, el desarrollo de los personajes es también más complejo, con una personalidad que nace en la tradición de los cuentos, pero que luego adquieren una condición más humana, más llena de claroscuros.
En cuanto a las tramas, con los altibajos propios de cualquier serie con sucesivos arcos argumentales, mantienen el suspense, el interés y la capacidad de sorprender al lector.
Por tanto, es una colección de cómics muy recomendable que no sólo se disfruta como lectores, sino también como escritores.
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