Posts etiquetados como ‘Escribir’

Películas para escritores 1: Ruby Sparks

Yolanda González Mesa

17 jun 2013

Ruby SparksNo sé a vosotros, pero a mí las películas protagonizadas por escritores me resultan muy inspiradoras. En cierto modo, es como poder echar un vistazo a la vida a la que aspiro.

Por esa razón, porque las encuentro muy motivadoras, voy a hablaros de vez en cuando de alguna de ellas.

Empiezo la serie con Ruby Sparks, dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris, autores también de la muy recomendable Little Miss Sunshine.

Cuenta la historia de Calvin, un joven escritor que, tras un debut brillante, sufre un severo caso de bloqueo creativo. A modo de ejercicio contra el bloqueo, comienza a inventarse un personaje, Ruby Sparks. Escribir sobre ella despierta de nuevo su creatividad, hasta que un buen día Ruby aparece en su casa. Tras el susto inicial, se da cuenta de que puede crear a su pareja ideal, porque Ruby hace y se comporta siguiendo lo que Calvin escribe.

Es una historia romántica, surrealista, fresca y divertida, que además explora la dificultad de crear, de encontrar nuevas ideas y darles forma a la que nos enfrentamos los escritores cada día.

Además muestra una de las fantasías más habituales de los escritores: ¿qué pasaría si un día lo que escribimos se volviera realidad? ¿Y si lo que escribimos en realidad es la vida de alguien y, como pequeños dioses, le proporcionamos la felicidad o la desgracia a nuestro capricho. Es fácil sentirse identificarse con el personaje principal.

Está protagonizada por Paul Danko y Zoe Kazan, que además ha escrito el guión y es nieta del mítico director Elia Kazan.

De Ruby Sparks también destaca la banda sonora firmada por Nick Urata y que ha pasado a formar parte de mi lista particular contra el bloqueo por su carácter inspirador:


Si te gusta este artículo también pueden interesarte:

Gota 139: El primer borrador

Yolanda González Mesa

13 jun 2013

El único aspecto verdaderamente creativo de la escritura es el primer borrador. Eso es lo que brota directamente de tu cabeza y tu corazón, tecleado directamente desde tu subconsciente. El resto es trabajo de mulo. Sin embargo, es un trabajo de mulo que hay que hacer.

Evan Hunter


Si te gusta esta cita también pueden interesarte:

Gota 138: Escribe como si te estuvieras muriendo

Yolanda González Mesa

30 may 2013

Escribe como si te estuvieras muriendo. Al mismo tiempo, imagina que escribes para un público únicamente de pacientes terminales. A fin de cuentas, ese es el caso. ¿Qué empezarías a escribir si supieras que vas a morir pronto? ¿Qué le dirías a un moribundo que no lo irritase por su trivialidad?

Annie Dillard


Si te gusta esta cita también pueden interesarte:

Ejercicio 4 contra el bloqueo: Deja el ordenador y escribe a mano (o viceversa)

Yolanda González Mesa

27 may 2013

Pirámide invertidaLos escritores estamos llenos de manías. Las más habituales tienen que ver con las herramientas que utilizamos: hay quien necesita empezar por el papel, y quien prefiere escribir directamente en el ordenador. Pero lo que tienen en común la hoja en blanco y la pantalla en blanco es que se convierten en barreras insuperables en cuanto el bloqueo de escritor hacer su aparición.

Si tus manos están agarrotadas sobre el teclado, incapaces de escribir una palabra más, puede ayudarte escribir a mano:

  • Escribir a mano supone bajar la velocidad respecto a escribir a máquina y, por tanto, hace que pensemos con más calma qué escribimos y nos concentremos más en el trabajo.
  • Previene las distracciones de internet, ya que nos aleja del ordenador y, muchas veces llamamos bloqueo a lo que en realidad es procrastinación.
  • Favorece la escritura automática, ya que es más fácil dejar que las ideas fluyan libremente. Podemos escribir de manera inconsciente o unir palabras al azar en un diagrama hasta que salte la chispa de la inspiración.

Por otro lado, si, como yo, prefieres escribir el primer borrador a mano, podéis huir del temor a la hoja en blanco y refugiaros en el ordenador:

  • Al escribir a máquina, si somos buenos mecanógrafos podemos hacerlo más rápido de manera que no se nos escape ninguna idea. Además esa velocidad hará que no perdamos demasiado pronto el empuje que nos llevó a escribir el texto en primer lugar.
  • Si no somos capaces de mantener quieto a nuestro editor interno, es más fácil hacer correcciones sobre la marcha sin perder demasiado tiempo.
  • El trabajo tiene un aspecto más pulcro, organizado y profesional, lo que nos ayudará a sentirnos mejor respecto a nuestros textos.
  • Ahorramos tiempo cuando llegue el momento de editarlo, pues ya lo tenemos pasado al ordenador, y nos dará menos pereza seguir trabajando en él.

Si te gusta este artículo también pueden interesarte:

Cómo evitar que tu historia sea predecible

Yolanda González Mesa

06 may 2013

caminoPocas cosas hay tan decepcionantes para un lector como llegar a la página 30 de un libro y saber quién es el culpable del asesinato, o cómo va a desarrollarse la historia o cómo van a reaccionar los personajes.

Ningún autor quiere que ocurra eso con su obra. Todos queremos escribir historias que enganchen al lector y le atrapen hasta la última página, sorprendiéndola siempre. Pero para lograr esos lo primero de lo que debe librarse un escritor es de… su cobardía.

Todas las historias predecibles tienen en común una cosa: un escritor que tuvo miedo de que no se le ocurriera cómo resolver la historia.

O, si lo preferís, las historias sorprendentes, las que tienen giros inesperados y poco trillados, son aquellas escritas por autores que le echaron coraje y decidieron poner a sus personajes en situaciones irresolubles y luego las resolvieron.

Piensa en la última novela o película que te sorprendió por el ingenio de su autor y verás que tengo razón.

Por eso cuando escribimos no debemos abandonarnos a las facilidades, debemos llevar a nuestros personajes y tramas al extremo (sin perder la verosimilitud), y luego solucionarlo.

Es un proceso doloroso y da miedo, porque la primera sensación que tenemos es que no somos lo suficientemente ingeniosos para hacerlo, pero es el único modo de dar con algo verdaderamente original.


Si te gusta este artículo también pueden interesarte:

Gota 136: Párrafos cortos

Yolanda González Mesa

25 abr 2013

Los párrafos cortos oxigenan lo que escribes y lo hacen atractivo al lector, mientras que un párrafo largo puede desalentarle incluso a comenzar a leer.

William Zinsser


Si te gusta esta cita también pueden interesarte:

Ejercicio 3 contra el bloqueo: Las 25 palabras prohibidas

Yolanda González Mesa

15 abr 2013

prohibidoEscoge un tema. Vale cualquier tema, uno universal como el amor, el odio, el paso del tiempo, o cualquier otro tema más específico que te interese.

A continuación haz una lista de 25 palabras relacionadas con ese tema.

Por ejemplo, si eliges el tema de la vejez, la lista puede contener palabras como: arruga, cana, bastón, sabiduría, muerte, enfermedad, asilo, abuelo, nieto, jubilación, retiro, banco, obra, ganchillo, soledad, achaques, pensión, palomas, senil, memoria, olvido, tiempo, medicinas, familia, abandono.

Después, escribe un texto sobre ese tema sin usar ninguna de esas palabras.

No tiene por qué ser una historia, y ni siquiera tener sentido, pero debe ser de, al menos, 400 palabras. Tampoco es necesario que sea un texto que luego puedas utilizar.

De igual modo que tras un tiempo sin hacer deporte, necesitas empezar con pequeños ejercicios cada vez más intensos antes de lanzarte a correr la maratón, este texto te ayudará a desperezar tus músculos de escritor.


Si te gusta este artículo también pueden interesarte:

Gota 135: ¿Qué es un escritor profesional?

Yolanda González Mesa

11 abr 2013

Un escritor profesional es un amateur que no abandonó.

Richard Bach


Si te gusta esta cita también pueden interesarte:

Lo que he aprendido de mis clases de piano

Yolanda González Mesa

08 abr 2013

pianoLos que me seguís en Twitter ya lo sabéis, desde hace unas semanas acudo un día por semana a un taller de Iniciación al piano en la Escuela municipal de Música de mi pueblo.

No es la primera vez que doy clases de música. En los primeros años ochenta, en el barrio de Madrid en el que crecí, una de las pocas actividades extraescolares que había eran las clases de guitarra y solfeo que impartían en la iglesia. Así que, aunque mi sueño era tocar el piano, esto se acercaba lo bastante y me apunté.

Durante cinco años acudí disciplinadamente a clase y practiqué, practiqué y practiqué para mejorar. Desafortunadamente, el único instrumento a mi disposición era la guitarra de mi padre, y era tan vieja que sonaba fatal.

Supliqué y supliqué a mi padre que me comprara otra, pero él, que siempre me daba todos los caprichos, una y otra vez se negaba.

Harta, un día recurrí a la ayuda de mi profesora para convencerle. Le pedí que comprobara por sí misma el mal estado de la guitarra y luego le explicase la necesidad de comprarme otra. Mi profesora tomó la guitarra, comenzó a tocar una canción y… Sonaba maravillosamente y yo cambié las clases de guitarra por clases de programación en Basic y el mundo fue un lugar mejor.

No puedo decir que la decepción fuera especialmente traumática. Durante cinco años disfruté tocando la guitarra, aunque los que había a mi alrededor no pudieran decir lo mismo. Además mi vocación era la de escritora y, sin que yo me diera cuenta, ya me había inoculado con el gusanillo de la informática.

Y no olvidemos que mi instrumento favorito no era la guitarra, sino el piano, así que me prometí que, cuando me jubilara, en vez de hacer ganchillo o dar de comer a las palomas del parque, aprendería a tocar el piano.

Al final ha resultado que no he tenido que esperar tanto, y a los 40 años he empezado a aprender a tocar el piano, y tras las primeras cinco clases ya puedo decir, sin temor a equivocarme… que se me da tan mal como la guitarra: carezco totalmente de sentido del ritmo, con lo que no doy a las notas la duración adecuada, y de oído, con lo que si me equivoco de nota, no siempre me doy cuenta. Por no hablar de que ya estoy cogiendo malas posturas, que me impiden pulsar correctamente las teclas.

Y ser una persona nerviosa no ayuda; a veces me pongo tan tensa en clase intentando acordarme de qué tiene que hacer mi mano izquierda, o cuándo viene la parte difícil de una pieza,o qué duración debe tener cada nota, que me tiemblan tanto las manos que tengo que parar a la mitad.

Bueno, pues a pesar de todo, disfruto cada segundo que paso al piano.

Ya sea en clase luchando porque mis manos interpreten correctamente las órdenes de mi cerebro, o en mi casa, agotada a última hora de la noche, repitiendo una y otra vez el Vals de los elefantes hasta que pasa de sonar horriblemente mal a simplemente fatal, no puedo dejar de sonreír.

Por supuesto, me encantaría tener un gran talento natural, y que lo que tocara fuera música para los oídos, y nunca mejor dicho, pero eso no me haría más feliz, porque yo disfruto del propio acto de tocar, independientemente del resultado.

Pero, después de contaros todo esto, aún no os he explicado qué es lo que he aprendido de mis clases de piano en relación con la escritura. Bien, pues lo que he aprendido es a perseverar, por el simple hecho de que escribir me hace feliz.

Y mi vida sería mucho más sencilla (pero mucho más), si lo dejara y me centrara en volver al mercado laboral antes de que sea demasiado tarde, aunque probablemente ya lo sea.

En fin, que cada día se me ocurren cien motivos para dejarlo, y uno solo para seguir: escribir me hace feliz. Duele, pero me hace feliz.


Si te gusta este artículo también pueden interesarte:

Gota 134: Ya has leído bastante

Yolanda González Mesa

14 mar 2013

Si empiezas a editar mientras escribes, estás siendo tu yo “editor”, el yo que lee. Ya has leído bastante, no necesitas practicar ahora mismo. Sólo escribe.

Sandra Jensen


Si te gusta esta cita también pueden interesarte: