Aquellos de vosotros que lleváis leyéndome desde el principio recordaréis que una de las razones por las que creé Tinta al Sol fue para adquirir disciplina y constancia al escribir, con el objetivo de aplicar dicha disciplina a terminar una novela cuya idea me rondaba desde hace tiempo.
Dos años después, escribía a todas horas y mi cabeza bullía de creatividad produciendo idea tras idea… para el blog. Mientras tanto la novela no avanzaba.
El concepto central de la novela me gustaba, y me parecía que era bastante original, pero no lograba darle forma. Eso en las raras ocasiones en que me ponía a trabajar en ella, porque siempre parecía encontrar mejores cosas que hacer.
Y es que el problema era que tenía un concepto, un tema, incluso unos personajes, pero no una historia.
Sin embargo, hace unos meses, como ya os contaba en el artículo Haz lo que digo…, se me ocurrió una historia para otra novela. En cuanto empecé a hablarle de ello a mi marido vi claro todo: la trama, los personajes, incluso la frase final.
Entonces decidí abandonar la anterior novela y comenzar esta, no sin muchas dudas, porque se supone que una de las principales virtudes de un buen escritor es saber perseverar con una historia por muchas dificultades que surjan, ya que de otro modo nadie terminaría un libro.
El resultado es que en este tiempo he escrito tres veces más palabras de esta última novela, y estoy convencida que eso se debe, no sólo a que ahora tengo una historia que contar sino a que el primero era un libro que me gustaría escribir, y el segundo es un libro que, además de escribir, me gustaría leer. Por el tipo de historia que es y los elementos que la conforman es el tipo de libro que yo compraría.
El resultado de esto es que, a la vez que escribo, siento curiosidad por qué les va a pasar a los personajes a continuación, y me divierte imaginar situaciones sin aparente salida, para luego devanarme los sesos pensando posibles soluciones.
No por eso dejo de tener los problemas y miedos habituales del proceso de escritura: aún no sé cómo va a discurrir buena parte de la historia, cómo voy a resolver algunas cuestiones fundamentales o la evolución de los personajes, e incluso tengo pequeños momentos de bloqueo en los que me pregunto a mí misma, ¿y ahora qué?, pero no dejo de escribir, con la confianza de que iré solventándolo todo a medida que avance la historia.
Todo esto hace que esté disfrutando muchísimo con el proceso, cosa que no me ocurría ni remotamente con la anterior novela, y creo que estas sensaciones se transmitirán también a los futuros lectores.
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