Escribir es una actividad casi siempre solitaria. Te sientas frente al ordenador o al papel en blanco y luchas por extraer un texto de tu cerebro. Pero ese texto no sale de la nada, ni te es susurrado por ninguna musa, surge de una combinación de cosas: experiencias, lecturas, sentimientos y anhelos se mezclan y dan lugar al texto que escribes.
Ya os he contado que formo parte de un nuevo proyecto llamado TicWisdom que pretende ser un foro abierto a la cultura digital, el aprendizaje y el conocimiento.
Una de las últimas reuniones que tuvimos algunos de los miembros del equipo transcurrió en una terraza frente a un café, comiendo en un restaurante asturiano y después paseando por el centro de Madrid. A mi vuelta a casa no sólo tenía un montón de ideas surgidas en común para TicWisdom, sino también varias ideas para el blog (como este artículo) y para la novela. Ideas que, por otra parte, no habrían nacido con la misma naturalidad y fuerza si nos hubieramos quedado encerrados 6 horas en un despacho.
Y es que rodearte de gente creativa activa automáticamente tu creatividad poniéndote en el estado mental adecuado para escribir o para realizar cualquier otra labor creativa.
La creatividad de esas personas no tiene por qué tener relación con la escritura, pueden ser creativos en otras actividades artísticas, o en su trabajo, o para hacer regalos o para la cocina. Ni siquiera tienen que ser profesionalmente creativos, eso es lo de menos, simplemente deben ser gente con ganas de hacer algo y decir luego: esto lo he hecho yo con mi esfuerzo e ilusión.
Y la excusa de que la gente a tu alrededor es gris y aburrida no sirve: si has llegado hasta aquí es porque tienes acceso a internet, y en la red hay miles de personas creativas, así que empieza a comentar en los blogs, a comunicarte en las redes sociales, en foros, etc.
Ábrete a los demás y deja que la creatividad fluya; contagia y contágiate de esa energía única.






