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Todo lo demás

Escribir a los 10, a los 20, a los 30…

La experiencia de escribir cambia mucho con el paso de los años.

A los 10: Más y mejor.

La mayoría de los escritores sentimos el primer impulso de escribir con las primeras lecturas. A veces un cuento te gusta tanto que quieres continuarlo y fantasear con las nuevas aventuras que correrán sus protagonistas. O por el contrario el cuento te decepciona e intentas “mejorarlo”. Eso último fue lo que me ocurrió a mí la primera vez que decidí conscientemente ponerme a escribir.

Tenía unos 10 años y era una época pre – J. K. Rowling, así que mis lecturas favoritas solían ser relatos de grupos de niños que se metían a detectives aficionados (El club de los cinco y Los siete secretos de Enid Blyton, Puck de Lisbeth Werner o Las hermanas Dana de Carolyn Keene). Las tramas eran sencillas y la estructura repetitiva, por lo que al cabo de unos cuantos tomos era muy fácil anticipar el final.

Por eso decidí que yo podía hacerlo mucho mejor y comencé a escribir “la gran novela juvenil de los 80”. Sería compleja, intrigante y divertida, y los editores se pegarían por publicarla.

Lo malo es que en el cuarto capítulo todavía no había presentado aun a los nueve niños de la pandilla (hacerlo con uno, dos, cinco o siete niños era demasiado fácil), en el capítulo siete aun no había surgido la intriga, y para el capítulo nueve todavía no había mucho humor.

Pero nada de eso importaba; la trama iba a ser tan ingeniosa que marcaría un antes y un después en la historia de la LITERATURACONMAYÚSCULAS.

Claro que la mencionada trama resultaba difícil de seguir incluso para mí, con sus nueve protagonistas más un par de secundarios graciosos, el profesor malo malísimo, los padres, algún hermano meticón… Y que el malo fuera un lunático que secuestraba niños vestido de Quijote con armadura, caballo y lanza en ristre sólo añadía dificultades a la hora de mantener la coherencia de la historia.

Finalmente le cogí manía a la novela y dejé que durmiera el injusto sueño de los justos. Pero el gusanillo ya me había picado, así que seguí escribiendo.

A los 20: El gran amor.

A los 20 años tienes las cosas infinitamente más claras.

Has leído incontables novelas, visto innumerables películas y series de televisión, y comprado algún que otro libro de “Cómo convertirte en escritor en 10 prácticas lecciones“. Puede que incluso estés estudiando Comunicación Audiovisual, Filología o Filosofía. Sabes perfectamente identificar cuándo una trama es floja e irregular, cuándo un personaje es plano o poco verosímil, cuándo una historia no conecta con el público…

Por tanto sabes que el truco está en escribir evitando todos esos errores.

Y un día tienes una idea luminosa, original, atractiva y profunda. Y te sientas a escribirla.

Y escribes, escribes y escribes.

Y cuanto más escribes más te gusta lo que haces. Las frases brillantes encadenan una sucesión de escenas llenas de fuerza y emoción, vividas por personajes complejos y atractivos dentro de una estructura innovadora.

El impulso es tan embriagador que apenas duermes, comes o te diviertes. Eres un artista y eso te basta.

Hasta que un tiempo después, escribes un delicioso “Fin” al final de la última página.

Y lo imprimes y encuadernas, (no sin cierta dificultad, porque es bastante largo, pero eso sólo hará que el disfrute del lector se prolongue aun más), y se lo llevas a __________ (rellenar con el nombre de un amigo, familiar o joven profesor enrollado cuyo criterio literario valoras y respetas).

Esta persona se reunirá contigo al cabo de un tiempo que a ti te parece excesivo (¿cómo ha podido irse a dormir la primera noche sin terminar una lectura tan cautivadora?), pero no importa, porque sabes que esa reunión marcará un momento importante. Será la primera vez que oigas de boca de otro lo maravillosa y perfecta que es tu obra. Sí, después habrá muchas más ocasiones, en firmas de libros, entrevistas, etc., pero esta es la primera vez.

Y le ves aproximarse: en su cara su mejor sonrisa y bajo su brazo tu… ¡¡¡¡¿CÓMO?!!!! ¡Tu original!, ese que algún día se subastará por una millonada en Christie’s, está, está… ¡está cubierto de subrayados, enmiendas y post-its! ¡Post – its! ¿Te imaginas el primer manuscrito de Cien años de soledad cubierto de papelitos amarillo fosforito?. Si al menos fueran anotaciones al margen hechas con estilográfica… Pero estás ante una persona cuyo criterio respetas y cuya opinión has pedido, así que sonríes y haces una bromita pretendidamente humilde.

A continuación, esa persona comienza por decirte que tu obra está muy bien, o que le ha gustado o, Dios no lo quiera, que es es-tu-pen-da. ¿Estupenda? ¿No habrá querido decir extraordinaria, excepcional, magistral, sublime…? Pero es que además, te propone cortes aquí y allá, cambios en tal y cuál personaje, ajustes en este o aquel diálogo y un centenar más de mejoras.

¿Cómo?

¿Mejoras en una obra maestra? ¿En una obra perfecta, redonda, insuperable…?

Y él/ella sigue y sigue ajeno/a a tu estupefacción, anotación tras anotación, subrayado tras subrayado, post-it tras post-it.

Vaya, pues resulta que la persona cuya valoración respetabas tanto, en realidad es un gilipollas. Qué decepción.

O cuando menos ha tenido un mal día, nadie es perfecto.

A lo mejor, estaba cansado cuando lo leyó.

A fin de cuentas tu obra no es para todo el mundo; tú eres un artista de verdad,  así que puede que no la haya entendido. Quizás es tan avanzada que estás destinado a ser un autor maldito en tu tiempo, aunque los escolares del siglo XXII te estudiarán junto a Cervantes y Lorca.

Aunque, bien mirado, es cierto que el capítulo 17 te ha quedado un poco largo… Y es un poco forzado que la asesina confiese su crimen sin haber dejado más claro que en realidad no le importa. Y el título quizás no tenga la fuerza comercial necesaria. Y…

Bueno, vale, la revisarás. Quizás puedas añadir un par de cosas que…

¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Pero qué clase de porquería has escrito?

Estás en la página 8 y la odias.

Los diálogos son acartonados, los personajes planos, y la historia se parece sospechosamente a la trama de una película de Vicente Aranda que te hicieron ver en tercero de carrera…

Definitivamente, esto no es lo tuyo, Pecados, vete a hacerle compañía al Quijote Loco y sus niños secuestrados..

A los 30: ¿Podré?

Aun has leído más novelas y visto más películas y series, pero has dejado de comprar libros de cómo escribir, ya que si alguien hubiera realmente descubierto la fórmula para escribir una gran novela, saldrían veinte obras maestras de la literatura cada mes.

Has finalizado tus estudios, y con suerte en tu trabajo te has visto en la necesidad de escribir algo, aunque sea el manual de ayuda de un programa informático, e incluso ha habido quien ha alabado tu estilo.

Va siendo hora de retomar tu vocación.

Sí, tienes dudas, tienes miedos, pero en cada entrevista o declaración de los autores que admiras lees lo mismo: que tienen dudas y miedos, que nunca están satisfechos con lo que escriben, que tan sólo lo entregan a la editorial porque están obligados por contrato, o porque no soportan trabajar en ello un minuto más.

Así que te animas (te animan) y comienzas a escribir de nuevo, acallando en lo posible al editor interno que te hace dudar de cada palabra, obligándote a seguir y seguir para al menos dejar de llenar los cajones con obras a medio terminar.

¿Será esta vez?

A pesar de tus inseguridades nunca te has sentido más pleno como persona. Ahora cuando escribes puedes hacerlo como alguien que ya ha vivido un cierto número de experiencias (muertes, nacimientos, desengaños, traiciones, éxitos…) ¿Serás capaz de transmitir lo que todo esto te inspira?

Lo veremos…

5 comments
  1. Maia

    Esta entrada me ha tocado, de verdad.
    Yo también comencé a los 10, exactamente, con una obrita de teatro que nunca llegó a representarse… Mi amor por la novela comenzó a los 12 y escribí no solo una, sino siete diferentes partes en las que involucraba a más de 16 “protagonistas” y villanos y extras… Tecnicamente la terminé (aunque haya perdido el cuaderno donde escribí el final).
    Me encuentro en los 20 (24), pero gracias a los testimonios de otros escritores que como tú escriben en la red, aprendí a ser humilde y no creerme la revelación de la literatura del siglo XXI. Por eso te agradezco que compartas este tipo de reflexiones con los demás.

  2. Kyo

    Bienvenida Maia,

    muchas gracias por tu comentario. Me alegro que este artículo, que cuenta mi experiencia hasta la fecha te haya gustado. Con él intentaba que me conocieráis un poco mejor.

    Y sobre la humildad, está bien en su justa medida, porque te ayuda a ser realista y sobre todo práctica, pero es fundamental creer en uno mismo para conseguir sus objetivos. Supongo que a tí te pasará más o menos como a mí, que unos días te crees Toni Morrison y otros te ves incapaz de hacer la lista de la compra, pero esto es parte del encanto de esta profesión.

    Un saludo.

  3. Pablo

    Hola Yolanda!

    Soy “el Pablo” del mensaje de Facebook. Quería hacer un pequeño comentario sobre esta entrada (voy haciendo lecturas salteadas en tu blog…).

    Sobre la parte en la que explicas como tu amigo volvió con tu primera novela llena de anotaciones y cosas que, a su parecer, deberían cambiarse… Quería decir que nada le gustará a todo el mundo nunca, jamás. Si bien un libro puede ser más bueno que otro, hay otros muchos factores que influyen en que determinada novela le guste a alguien o no.

    Estoy convencido de que si a esa misma persona a la que le dejaste tu novela terminada se la hubieras dejado ya encuadernada y publicada por una editorial famosa y con una serie de buenas críticas a la espalda de los mejores críticos literarios del país, probablemente no habría vuelto con tantas correcciones. Inconscientemente se leyó la novela sabiendo a ciencia cierta que eras una “novel” en eso de la escritura y que más que probablemente habría mil fallos o incongruencias. Estaba completamente convencido de ello, con lo que efectivamente las encontró.

    Seguro que el primer borrador de Harry Potter tenía dos mil pegas.

    Tanto o más importante que el contenido de algo (una novela en este caso) es el continente y el contexto en el cual se presentan.

    Pero vamos, que es una opinión.

    Un saludo,

    Pablo.

  4. J Al.

    Siento que soy una mezcla de las tres, a pesar de que voy en los 10 (casi 20, con 17 años), tal vez algunos adultos digan: “esta niña no ha vivido nada”, pero sin creerme realmente mi vida ha sido una película, novela mexicana o libro de ficción XD que nunca saldrá a la venta por que soy una persona reservada, ni mis mas allegados conocen toda mi vida, todos conocen solo un “lado” o la parte que quiero que sepan, aunque si lo pongo así es obvio que nadie sabe todas tus circunstancias.
    De igual forma siento que ya pase los 10 y los 20, y voy en los infames 30 de las dudas, si podre tener 17 y ahorita estar escribiendo como se me de la gana pero ya escribí innumerables cosas infantiles con mil y tantos de personajes, y ya mostré a variadas personas lo que he escrito, ya lo he leído y me he espantando por lo horroroso y feo que me han salido algunas historias (aunque siempre me da risa).
    Me dio mucho humor esta publicación, la verdad hasta ahora me doy cuenta de estas etapas por las que pasamos, aunque siempre he bendecido a los años por hacerme entender lo que antes no sabia.
    Lo último en el blog de J Al.: Relato: Convivencia

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