Cómo elegir el punto de vista y la voz narrativa

megáfonoUna de las cosas que más me ha costado y que más parones me ha supuesto al empezar a escribir mi novela es elegir el punto de vista y la voz narrativa con que contarla.

La historia me vino a la cabeza en primera persona: la protagonista empezó a contarme su historia y yo la fui transcribiendo. El problema es que eso sólo me funcionó en los primeros capítulos, después era un inconveniente por las características propias de esta voz narrativa y por las de mi novela.

En principio pensé seguir con esa primer persona y arreglarlo más tarde. Ya sabéis que estoy decidida a escribir el primer borrador sin interrupciones, y sin permitirme a mí misma editar lo ya escrito. Pero la bola se iba haciendo cada vez mayor y ya no sólo estaba afectando a cómo estaba contando la historia, sino a lo que estaba contando, a la historia en sí.

Así que decidí que, a pesar de todo, tenía que frenar y analizar con cuidado cuál era el mejor narrador para la novela. Para ello seguí un método que comparto aquí con vosotros por si os resulta útil. No os voy a contar los tipos de narradores que existen, porque para eso no tenéis más que consultar este artículo de la Wikipedia, lo que quiero contaros es la línea de pensamiento que seguí para tomar la decisión:

1. Elegir el punto de vista.

Los mismos hechos cambian en función del punto de vista de cada persona implicada en ellos, (cualquier pareja casada puede dar fe de ello). Lo que para un personaje es muy importante, para otro puede ser un detalle irrelevante; lo que para uno es motivo de tristeza, para otro puede serlo de enfado o incluso de alegría.

La mayor parte de las historias se cuentan desde el punto de vista del protagonista, es decir, nos muestran su visión de los acontecimientos y cómo los vive. Eso hace que el lector se identifique más fácilmente con el protagonista y se engancha la historia desde el principio.

En cambio en otras novelas, como La piedra lunar de Wilkie Collins, la narración salta de un punto de vista a otro, lo que permite dar una versión más completa de la historia, pero hace más difícil ese proceso de identificación del lector, y requiere un esfuerzo extra por parte del autor para que no haya desequilibrios entre los narradores.

En mi caso, el punto de vista en el que me centro es el de la protagonista, que es la razón por la que escribo esta historia.

2. Elegir si la historia la cuenta uno de los personajes o un narrador.

El siguiente paso fue pensar quién quería que contase la historia: uno de los personajes, la protagonista o un narrador ajeno.

Si era uno de los personajes, podrá contar aquello de lo que haya sido testigo o lo que le hayan contado. En mi caso no me servía, porque, como he dicho en el punto anterior, lo que me interesa de esta historia es la vivencia de la protagonista.

Si lo contaba la protagonista, tenía que justificar que lo estuviera contando. ¿Si estaba contando eso, había sobrevivido a todo? ¿Acaba de pasarle y lo contaba inmediatamente, o había pasado mucho tiempo? ¿Por qué lo contaba? Sé que en muchas novelas contadas en primera persona por el protagonista esto no se justifica, simplemente el personaje empieza a contar “Yo hice esto y lo de más allá”, pero en mi novela, al poco me empezó a chirriar por todas partes.

También tenía el inconveniente de que, aunque ese personaje es el protagonista, contar su historia en primera persona centraba demasiado la atención en ella, y dejaba al resto como meros comparsas, y yo quería darles más peso.

Además la historia se centraba así demasiado en “yo sentí”, “yo pensé” y “yo creí”, es decir, era más lo que contaba que lo que la acción por sí sola mostraba, y eso puede ser aburrido para el lector. De hecho, ya estaba aburriéndome a mí como autora.

Por eso, me decanté por un narrador ajeno, que contara la historia al lector.

3. Decidir cuánto sabe ese narrador.

Una vez que elegí usar un narrador externo, debía decidir si ese narrador iba a ser omnisciente, es decir, sabe todo de todos los personajes, su presente, pasado y futuro, conoce todos los hechos y sus consecuencias.

Como he dicho antes, el foco de interés en mi historia es cómo afecta esta a mi protagonista, así que no necesito un narrador que cuente todo, sino sólo aquello que afecta a mi personaje, por lo que mi narrador no es omnisciente, sino limitado y sólo cuenta lo que siente, piensa y le sucede a la protagonista.

4. Decidir si el narrador va a ser objetivo o subjetivo.

Un narrador objetivo sólo ve el exterior de los personajes, en cambio uno subjetivo sabe lo que piensan y sienten también.

En mi caso, me convence más un narrador subjetivo, aunque debo tener siempre presente estar atenta de no abusar de “contar” en vez de “mostrar” lo que pasa por la cabeza y el corazón de mi protagonista.

5. Decidir si el narrador es neutral.

En ocasiones un narrador puede ir más allá de la narración de los hechos y dar su opinión. Yo he elegido un narrador neutral, pero en otras ocasiones, un narrador irónico o uno que hable como la voz de la razón frente al comportamiento de los personajes, puede enriquecer una historia.

No olvidemos que el narrador es un personaje que creamos como autores para que le cuente la historia al lector, así que podemos darle una personalidad concreta si creemos que eso beneficia al texto.

 

Y de este modo he llegado a elegir a mi narrador, un narrador en tercera persona, externo, limitado, subjetivo y neutral; al menos de momento, conociéndome, puede que cambie de opinión más adelante. Si ese fuera el caso, lo compartiría con vosotros como siempre.


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9 comentarios en “Cómo elegir el punto de vista y la voz narrativa

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Me ha parecido una entrada de lo más interesante. Como indicas, en la wikipedia o similares se puede encontrar información básica sobre los tipos de narrador, pero es raro encontrar un análisis como este que profundice un poco más y ayude a entender las cualidades de cada narrador y cuál conviene más a nuestra historia.
    Creo que el narrador omnisciente es el más sencillo de utilizar, y el más versátil, y de ahí el gran uso que hacemos de él, pero las historias narradas en primera persona, o contadas por varios personajes (como en “La piedra lunar”, que mencionas), producen resultados interesantísimos. Como ejemplo de la historia narrada en primera persona, me gusta mucho “Otra vuelta de tuerca”, donde todo se cuenta desde la perspectiva de la institutriz, y no puedes saber si su punto de vista es “real”, o si se le va la chaveta a la pobre…

    ¡A disfrutar de la semana!

    1. Me alegro de que te haya gustado el artículo. Procuro centrarme más en mi experiencia como escritora, en compartirla, que en dar una lista de datos que puedes encontrar fácilmente en otros lugares. A mí me gusta más que otros escritores, publicados o no, me cuenten sus experiencias, me resulta más útil.
      Un saludo y muchas gracias por tu comentario.

  3. ¡MILLONES DE MILLONES DE GRACIAS!

    Tuve un paro enorme en mi novela por culpa del narrador, lo empecé en tercera persona y luego lo cambié por la protagonista, luego por el otro protagonista, pero ninguno me ha convencido, con eso de que me la paso diciendo “Esto hubiera sido mejor así…” con casi todos los libros no puedo evitar querer que quede el narrador perfecto.

    Sigo dudosa, pero al menos esto me lo aclaró más…

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