Pornografía Infantil NO

Relato: Colorín, colorado

—Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Ahora a la cama, princesa. ¿Cuánto quieres a papá?

—¡Infinito! —responde su hija, mientras él besa su frente.

Apaga la luz y cruza el pasillo.

Le devuelve la sonrisa que le dedica su mujer, que hace frenéticamente zapping desde el sofá, como si eso fuera a mejorar la programación.

Ya frente al ordenador, desentumece un poco la espalda. Ha sido un día duro de trabajo, le apetece relajarse un poco.

A su mujer no le molesta que vea porno de vez en cuando; en una relación madura y sana como la suya no es más que un pequeño estímulo, no una infidelidad.

Claro que el tipo de porno que a él le gusta no está bien visto. Pero él no hace nada malo por mirar fotos y videos. Total, no es como si pagara por ellos, entonces sí estaría fomentándolo.

Él sólo mira porque le da morbo.

Si las autoridades realmente quieren acabar con esto que vayan a por los verdaderos culpables: los padres de esos niños que les hacen o dejan que les hagan esas cosas.

Él no es como ellos.

Es cierto que alguna vez su hija se ha colado en sus fantasías, pero son sólo eso, fantasías, no le hace ningún daño con ellas.

Claro que hay ratos, cuando la baña… pero no, son sólo fantasías.

Él no es como esos padres, esos que antes de encender la cámara dicen a sus hijas:

—Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Ahora a la cama, princesa. ¿Cuánto quieres a papá?

¿Estás seguro de que no eres como ellos?

¿Estás seguro de que no eres culpable sólo por teclear “angels”, “lolitas”, “boylover”, “preteens”, “girllover”, “childlover”, “pedoboy”, “boyboy”, “fetishboy” o “feet boy”?

Entonces pide ayuda, antes de que incluso tú tengas que admitir que eres culpable.

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