No uses la falta de espacio como excusa para no escribir

Todos los escritores soñamos con el despacho perfecto. Incluso los autores que pueden permitirse una bonita casa con un amplio despacho, preferirían quizás otras vistas, o que fuera menos ruidoso, o que sus muebles fueran más lujosos.

Por supuesto, también yo sueño con mi despacho ideal, y al final de este artículo os lo describiré, pero ahora os quiero hablar de una de las excusas favoritas para no escribir o para escribir poco que nos buscamos: no tengo un sitio adecuado para hacerlo. Es la disculpa más habitual, sólo superada por la falta de tiempo. Como no tengo un lugar tranquilo, bien iluminado, con unas bonitas vistas que me inspiren y mucho espacio para todo mi material de trabajo, no me inspiro, ni me concentro, y no escribo.

Bien, pues todo eso no es más que una excusa, si no estás escribiendo no es por no tener el espacio adecuado, sino por un sin fin de otras razones, casi todas relacionadas con el miedo.

Para ilustrar esto, como casi siempre, os voy a hablar de mi propia experiencia al respecto.

Cuando me mudé al piso en el que vivo ahora, (un piso normalito, con tres habitaciones), dediqué uno a montar mi despacho: era el segundo dormitorio más grande después del principal, tenía metros y metros de estanterías con todos nuestros libros, una mesa de más de dos metros con dos ordenadores, dos impresoras, un scanner y mucho sitio para escribir a mano, además de un sofá, por si quería tumbarme a llamar a las musas. El único inconveniente era que la habitación da el patio, así que sólo tenía luz natural por las mañanas y las vistas no eran muy atractivas, pero aun así, era un espacio estupendo de trabajo y en él nació Tinta al Sol y el resto de proyectos que surgieron a partir del blog. Siento no tener una foto de cómo era mi despacho, porque en su día no se me ocurrió fotografiarlo.

Y digo que era mi despacho, porque unos años después tuve que renunciar a él. Mi segundo hijo ya tenía que dejar la cuna y en la habitación más pequeña pero más luminosa que ocupaba su hermano mayor, no cabía una segunda cama, así que tuvimos que intercambiar habitaciones. Le buscamos otro hogar al sofá, renuncié a mi amplísima mesa, quedándome con un solo ordenador conectado, una sola pantalla, y cambiando las impresoras y el scanner por una impresora multifunción. Además mis libros y yo teníamos que compartir el espacio con un armario de ropa, un zapatero, las bicicletas de mis hijos, la maleta grande y cualquier otra cosa que no cupiese en otro sitio. Vamos, que era un despacho/trastero.

En resumen, tenía mi propio despacho, pero también muy poco espacio. De hecho, hace un tiempo subí a instagram esta foto en la que ilustraba los malabares que tenía que hacer cuando necesitaba trabajar con más de un ordenador a la vez:

Necesito un escritorio más grande como el comer #tresordenadores

Una foto publicada por Tinta al Sol (@tintaalsol) el

Así pasaron cinco años, donde seguí escribiendo, cumpliendo con encargos y proyectos a pesar de todo, y consolándome con el hecho de que ahora tenía más luz natural. Pero mis hijos también siguieron creciendo y se hizo cada vez más evidente que necesitaban tener cada uno su propio espacio para estudiar y para jugar. Y como no hay manera de que me toque la primitiva (entre otras cosas, porque no juego), la única solución era reconvertir mi despacho en una habitación.

La pregunta ahora era dónde pondría mi despacho. Renunciar a él era imposible, ya que trabajo por cuenta propia, así que una de mis opciones era alquilar algo fuera de casa. En mi lugar de residencia hay un vivero de empresas con precios muy competitivos, pero es que a mí me encanta trabajar en mi propia casa, en mi propio espacio y no tener que coger el coche para ir a mi lugar de trabajo.

Por eso no me quedaba más remedio que buscar un rincón en mi ya repleta vivienda donde instalarme.

Después de tres meses haciendo planos, dándole vueltas y repasando el catálogo de Ikea, opté por ponerlo en mi dormitorio con este resultado:

mi despacho

Mi hijo mayor está encantado de que hayamos puesto el resto de libros en su habitación, porque dice que es como dormir en una biblioteca, el sueño de cualquier ávido lector como él.

Mi hijo pequeño está feliz por tener su propio cuarto, con todos sus juguetes y una mesa grande en la que hacer sus manualidades.

Y yo tengo una mesa amplia en la que me caben dos pantallas, la tableta digitalizadora y espacio para escribir a mano. También tengo todo mi material de trabajo a mano, además de mis próximas lecturas, diccionarios, libros técnicos, etc.

Y por si fuera poco, puedo tener a mis hijos en mi habitación conmigo, leyendo o jugando, porque después de tanto tiempo trabajando con ellos alrededor he descubierto que mi despacho ideal sería un espacio lo suficientemente grande para que pudiéramos estar todos juntos haciendo cada uno lo que nos apetezca.

Es decir, que lo que en principio parecía un sacrificio, ha resultado ser una notable mejora para mí. Así que no quiero volver a oírte decir que no escribes porque no tienes el espacio adecuado, cualquier rincón puede convertirse en el espacio ideal con sólo organizarlo un poco.

Y ejemplos de que la falta de espacio no han frenado a los grandes autores a crear sus obras hay muchos, sin ir más lejos, esta era la mesa que utilizó Jane Austen para escribir toda su vida:

Mesa Jane Austen
Fotografía de Eamonn McCabe. Haz clic en la imagen para ver la fuente (The Guardian)

Por su parte, Roald Dahl no necesitaba más que un sillón cómodo y un tablero para escribir un montón de novelas y cuentos magistrales:

Sillón Roald Dahl
Fotografía de Eamonn McCabe. Haz clic en la imagen para ver la fuente (The Guardian)

Y si queréis un ejemplo más moderno, este es el sencillo despacho de Sarah Waters:

Escritorio Sarah Waters
Fotografía de Eamonn McCabe. Haz clic en la imagen para ver la fuente (The Guardian)

Lo que es suficiente para ellos, es suficiente para ti.

¿Quieres aprender más?

20 comentarios en “No uses la falta de espacio como excusa para no escribir

  1. Yo sí que tengo un buen despacho en casa, pero lo uso básicamente para el trabajo. Para escribir, gracias a la tecnología, me basta un portátil y una silla. Escribo en el tren, en el comedor mientras las fieras «ven» la tele o en cualquier otro sitio (auriculares). Decía Cela, aunque creo que exageraba bastante, que él, para escribir, sólo necesitaba un papel y un lápiz; escribía en cualquier sitio. Cierto es que para hacerlo como trabajo sí que necesitas poder concentrarte, y que en casa, a la hora de comer, la cocina no es buen sitio. Pero, insisto, con el portátil, y los auriculares, desde el banco del parque hasta un escritorio del Ikea de 60 cm. A mí me falta ponerme. Sitio y tiempo se pueden encontrar (con matices). Lo demás son escusas.

  2. Es muy cierto. Yo, en realidad, no tengo un “lugar fijo”. Por mi trabajo tengo que viajar cada dos o cuatro días a países diferentes, y buscar tiempo para escribir (ya no digamos lugar) es realmente complicado. O no, si de verdad quieres y “necesitas” hacerlo (porque en los días sin escribir… como que falta algo). Escribo en todos los medios de transporte, en cualquier plaza o banco que encuentre durante la hora de la comida, esa media hora en la cama antes de caer rendida… Mientras haya ideas, el cómo, cuándo y dónde… es de lo más irrelevante.

    1. Esa es la mejor actitud, darse cuenta de que cualquier sitio es bueno para escribir. Mucha gente se impone límites por la absurda idea romántica que hay que escribir en un ambiente predeterminado, normalmente por la noche, en silencio, a la luz de las velas, etc. Si realmente estás metido en la historia que estás escribiendo, te olvidas de lo que hay a tu alrededor, igual que te pasa cuando lees un libro que te engancha. Y si a ti que estás escribiéndolo tu libro no te atrapa, tampoco se lo hará a tus lectores.
      Muchas gracias por tu aporte, un saludo.

  3. Yolanda…me has puesto las pilas para escribir!!! GRACIAS. Sin embargo (y es mi caso) creo que lo que nos empuja a no-escribir es la falta de tiempo y, sobre todo, la ausencia de soledad para concentrarse.

    1. Tengo varios artículos sobre la falta de tiempo que podrás encontrar aquí, pero siempre ten presente que cinco minutos al día es mejor que nada, y la falta de soledad se puede suplir con unos auriculares que te aislen.
      Un saludo y mucha suerte.

  4. Yo soy de hacer los deberes, estudiar y escribir en la cocina. Con la lavadora puesta y mi madre o mi hermana entrando y saliendo…
    Si estoy cómoda y en silencio… me duermo….

    1. Es un modo estupendo de planteárselo, convertir las distracciones en un modo de mantenerse alerta, aunque, conociéndote, te veo muy capaz de echar una cabezada apoyada en la mesa de la cocina, por mucho ruido que haya 😉 Un abrazo y gracias por comentar.

  5. Tampoco tengo sitio, pero he descubierto que no me hace falta. Me vale la mesa del salón, el sofá o la cama, cualquier sitio donde pueda estar cómoda con el portátil en las piernas. Ya llevo más de media docena de novelas y alguna más sin terminar.

  6. Hola Yolanda,

    No se yo si realmente el espacio (la falta de el) es la excusa para no escribir 😛

    Yo personalmente no creo que en mi caso sea aplicable, si bien que no puedo negar que casi todo lo concentro en un iMac 27″ (scrivener, etc.) y eso me limita moverme a otros dispositivos como un portátil y sentarme en la terraza a escribir, o en la playa (no recomendable por la arena, no se lleva bien con los dispositivos) jeje.

    Creo que de una u otra forma acabamos buscando excusas bizantinas para postergar el compromiso adquirido con nuestros lectores o con nosotros mismos (léase Libro en proceso…) y eso nos lleva a tener que hablar realmente de procrastinación y no de falta de espacio.

    Gracias por tu post, nos recuerda lo débiles que somos a veces y las muchas excusas que ponemos para no escribir ipso-facto.

    Saludos
    Lo último en el blog de Luis Méndez Alejo: J & Beyond 2016 – Call for Speakers

    1. Somos únicos buscando excusas para no escribir, lo cual no deja de ser paradójico dado que es nuestra pasión. Creo que es la parte de esfuerzo y de exponernos al lector lo que nos induce a procrastinar.
      Muchas gracias por tu comentario, un abrazo.

  7. Lo único que hace falta para escribir son las ganas, como bien dicen los anteriores comentarios. Yo vivo sola, tengo un despacho para mí sola, entra el sol toda la tarde (aunque la ventana dé a la fachada de enfrente), y a veces me cuesta horrores sentarme a escribir. Muchas veces termino tirada con un cuaderno en el sofá de la sala o en la mesa de la cocina, a ver si me inspiro. Rincones hay mil, lo que hay que echarle son horas.

  8. Felicitaciones por el artículo, esto de escribir es como una droga para mí, tengo tiempo, espacio , en fin todo, lo hago en el parque paseando el perro, en el bar tomando un café, cualquier sitio es bueno. Al escribir a mano, el problema que tengo es ir al teclado y hacerlo comprensible, me paso horas corrigiendo,repasando, actualizando, imprimiendo, y al final como siempre acaba en la papelera casi todo. Sin embargo..continuo. Gracias por el apoyo virtual. Un saludo

  9. es cierto nunca voy a escribir esperando el sitio ideneo ,pero no solo es el espacio sino tener muchos problemas en tu cabeza sin resolver a veces no puedo concentrarme y solo se queda en mi cabeza

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