Relato: Pero no comieron perdices…

Al cabo de varios días de búsqueda, el príncipe terminó por rendirse, guardó el solitario zapatito en el fondo de un baúl y aceptó casarse con la heredera de un reino lejano.

No muy lejos de allí el cuerpo desangrado de Cenicienta comenzaba a descomponerse. Es peligroso correr con algo tan frágil y cortante como un zapato de cristal.

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