Relato: Niñez

(Basado en hechos reales)

 

Primero probó a meter la punta del pie en el charco. No pasó nada.

Después metió un pie entero, luego el otro.

Un pequeño saltito lanzó algunas gotas a su alrededor.

Un salto más grande y las gotas llegaron más lejos.

Cinco minutos más tarde saltaba y giraba sin poder contener las carcajadas.

La gente que pasaba sonreía afectuosa ante la riña que le caería al llegar a casa con la ropa y los zapatos manchados de barro, pero hay edades en las que estas cosas sí están permitidas.

Cuando por fin se cansó, recogió el bastón del suelo y se fue a echar la partida de dominó de cada tarde.


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3 comentarios en “Relato: Niñez

  • el 28 octubre 2011 a las 20:55
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    El final inesperado me ha sacado una sonrisa 🙂

    Respuesta
  • el 1 noviembre 2011 a las 20:28
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    Enhorabuena por tu relato. Con qué habilidad en cada frase trazas una senda, un trayecto al que, como lectores, nos invitas primero y nosotros “entramos al trapo” y sin rechistar, confiados de pisar por terreno seguro. Luego viene otra frase y otra… Van cargadas de palabras contundentes pero sencillas, inocentes incluso, y la invitación inicial se torna en única alternativa. No nos queda otra opción que ver cómo tu camino no sólo nos parece el más lógico o el más probable, sino el único posible, a la luz de la información que nos das y, sobre todo, a cómo nos la das.

    Pero no hay nada forzado en ello. Simplemente nuestro cerebro ha mordido tu intelectual anzuelo, sutil y maravilloso, que nos hace seguir avanzando, frase tras frase, en esa dirección que has diseñado de forma precisa y premeditada.

    Mientras tanto, tú vas por otro sitio. Usando la puerta de atrás de tus propias palabras has escapado por un camino paralelo pero igual de lógico y coherente, por una vía de servicio que te permite alejarte de tus lectores sin que nos demos cuenta de nada.

    Al final, y a pesar de lo corto del trayecto recorrido, estamos a muchas letras de distancia de ti y sólo lo percibimos cuando, en la última frase del relato, leemos entre líneas tus palabras no escritas: “¡Oye!, ¿Dónde estás? ¡Que la historia iba por aquí!…”

    Y entonces sentimos que la magia de un buen relato nos ha hecho sonreír…
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    Respuesta
    • el 2 noviembre 2011 a las 12:23
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      Me has emocionado con tus palabras hasta el punto que no sé cómo responder (lo cual no dice mucho de mi capacidad como escritora ;)), sólo puedo darte mi más sincero agradecimiento y un enorme abrazo. Comentarios como el tuyo hacen que el esfuerzo merezca la pena.

      Respuesta

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