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Cuentos terribles

Relato: La ceguera

“Menudo novio te has echado, chica, qué suerte”.

“¿Qué le has dado para ligarte a un macizo como ese?”

Con el tiempo noté que ella empezaba a tomarse con naturalidad esos insultos disfrazados de felicitaciones. Sé cómo va a sonar esto, pero he de admitir que no es habitual que tipos como yo se enamoren de chicas como ella, pero así ocurrió, y ponernos a analizar porqué ocurrió me parecía una absurda pérdida de tiempo y energía. Sucedió así y punto. Estábamos juntos y éramos felices.

Durante mucho tiempo no quise pensar que su afán por cuidar su aspecto o ampliar su cultura fuera un modo de justificar mi amor por ella. Pero con los años empezaron a llegar las arrugas, las canas, los michelines, las dietas, los retoque de bisturí… Y en sus ojos, que no en sus labios, la eterna pregunta: ¿vas a dejarme?, ¿vas a darte cuenta de que no soy bastante para ti?

Sólo cuando intentó ahogar su miedo en el fondo del mar, me obligué a hablar, a jurar, a tratar de convencer.

Nada funcionó durante años.

Pero un día el destino me brindó la oportunidad de, al fin, no tener ojos más que para ella:

—Lo sé, doctor, no es que la operación me dé miedo ni nada parecido, pero deje mis cataratas como están.


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5 comments
  1. Bitacoras.com

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: “Menudo novio te has echado, chica, qué suerte”. “¿Qué le has dado para ligarte a un macizo como ese?” Con el tiempo noté que ella empezaba a tomarse con naturalidad esos insultos disfrazados de felicitaciones. Sé cómo va a s…..

  2. jjaquez

    Super, me encantó,
    cuando leo tus relatos siempre me imagino caminando por un pasillo mientras cuentas la historia y solo espero donde se va a abrir una puerta y mostrarnos lo inesperado con tu final.

    Felicidades

  3. Zilniya

    Me encanta tu estilo “sorpresa final”, es de mis favoritos. Aunque tuve que leerme dos veces el final para captar el punto de vista del prota. Era para que ella pensara que no la dejaba porque no veía lo supuestamente fea que era, ¿no?
    Lo último en el blog de Zilniya: El poeta contestón

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