Escribir no es una tarea tan solitaria como yo pensaba

Mi madre siempre dice que soy “de peña de a uno”. Me gusta relacionarme con la gente, soy buena trabajando en equipo, no soy tímida y no me cuesta entablar conversación o hacer que la personas se sientan integradas en un grupo. Pero también disfruto de la soledad. No es que la soporte bien, es que me gusta. No recuerdo haberme aburrido nunca, en mis 45 años de vida, siempre estoy haciendo cosas, lo que hace que para mí, trabajar sola, desde casa, en mi propio negocio sea una experiencia positiva. No echo de menos tener compañeros de trabajo, ni ir a una oficina y no tengo problemas para organizarme sin un jefe que me diga qué debo hacer y cuándo.

Y aún así, NaNoWriMo me ha enseñado algo que no se me había ocurrido: que escribir en compañía, aunque sea virtual, es mucho mejor.

Ya os he contado que este año por fin me había animado a participar en NaNoWriMo. Siempre he pensado que el NaNoWriMo no era para mí. Eso de escribir por escribir, sin un mínimo de reflexión, no parecía encajar en mi sistema de trabajo.

Además este año coincidía con el lanzamiento de mis talleres para escritores que tan buena acogida están teniendo (¡Gracias!), y por si fuera poco, el día 20 a los amigos de Literature&Latte se les ocurrió que era un buen momento de lanzar la nueva versión de Scrivener para Mac, de la que estoy preparando un nuevo taller.

Todo hacía pensar que no iba a poder escribir 50.000 palabras de mi novela en un mes, y efectivamente así ha sido, solo he podido escribir 34.290 palabras. En principio eso supone que he perdido el reto, pero aún así, me siento una ganadora, porque aunque no haya conseguido mi meta, he aprendido cosas sobre mí que considero valiosas.

Como no encontraba un grupo de NaNoWriMo que me convenciera, cree mi propio grupo en Facebook al que se unieron varias personas enseguida. Cada día poníamos lo que habíamos hecho o no para cumplir con el objetivo y esa cita diaria se volvió importante para mí.

Aproximadamente para el 13 de noviembre yo ya sabía que no iba a alcanzar las 50.00 palabras. Tenía demasiadas tareas en marcha, demasiados textos de no ficción por escribir, ejercicios de alumnos por corregir, más mis tareas como madre. Y a pesar de eso, precisamente por formar parte del grupo, un grupo que además había creado yo misma, no me planteé abandonar. Pero en ningún momento lo sentí como una obligación, al contrario. Ese pequeño encuentro enriquecía la escritura. Compartir las dudas, los pequeños hallazgos y éxitos, los momentos de bajón fue una experiencia nueva para mí que mejoró mi trabajo.

No sólo me animaban a seguir, sino que podía intercambiar pensamientos o dudas que solo otros compañeros escritores podrían entender.

Hasta ahora he disfrutado compartiendo mis pensamientos y conocimientos con todo el mundo a través del blog, de mis redes sociales o, más recientemente, de mi nueva newsletter. Y sobre todo he disfrutado de vuestra respuesta a ellos a través de los comentarios y respuestas en esas redes, o de vuestros mensajes, pero en el grupo he encontrado una cercanía e inmediatez que me daba ánimos en el momento que lo necesitaba.

Por todo esto, considero que mi primera participación en NaNoWriMo ha sido todo un éxito.

De hecho, he propuesto a mis compañeros de grupo que sigamos compartiendo el trabajo diario, porque es útil para todos, y os invito a los que queráis que os unáis a él, aunque ya no sea dentro de NaNoWriMo.

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1 respuesta

  1. Torpeyvago dice:

    Pues si has logrado tus objetivos —aunque no la cantidad—, ¡¡ENHORABUENA!!

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